Dios Escucha
Enviarle un Mensaje al Pastor David BarlockEnviarle un Mensaje al Pastor David Barlock

Les queremos recordar que tenemos en línea los mensajes anteriores para que puedan leerlos. Poco a poco, hemos estado poniendo al día nuestro archivo de mensajes pasados. Espero que esto sirva de bendición para todos.

Dios les continúe bendiciendo.

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06 de noviembre de 2011

Recientemente estuve en Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, ministrando en la iglesia de uno de mis mejores amigos. Tuve una experiencia inusual que para muchos de mis lectores puede parecer trivial, pero quedará en mi corazón por mucho tiempo.

Para aquellos de ustedes que no sepan dónde está Ushuaia, simplemente agarre un mapa de Sur América y mire a la misma punta del continente. Es tan lejos hacia el sur como usted puede viajar – el fin del mundo.

Como el pastor de la iglesia estaba enfermo, decidí quedarme unos días más para ayudarle. Asignó a un joven para ser mi chófer y ayudarme en lo que pudiera necesitar durante mi estadía. Gustavo, un hermano muy humilde que se quedó a mi lado durante el transcurso de los cinco días. Él, su esposa y su hija de cuatro años acababan de regresar de Méjico en donde habían tratado de comenzar una iglesia y llegaron a la decisión de que sería mejor regresar a Ushuaia.

Por alguna razón, mi atención se dirigió a su pequeña hija. Me miraba fijamente con sus pequeños ojos tímidos, de modo que le compré unos cuantos chocolates para ver si se sentía más cómoda conmigo. ¡Funcionó!

Dos días más tarde, estaba caminando por el pueblo con su padre y me detuve en una pequeña tienda para comprar más chocolates, cuando sentí una impresión CLARA que debía comprarle un regalo que pudiera disfrutar por más que un par de minutos. El siguiente día su padre acordó llevarnos a su hijita y a mí a una tienda de juguetes; tan pronto como entró, fue directamente a la sección que mostraba cientos de muñecas y tomó la que le gustaba. Resultó ser un artículo bastante caro para una niña de cuatro años, pero sentí en mi corazón que debía comprarle lo que ella escogiera.

Según salíamos de la tienda, su papá me dijo que su hija había estado con él en aquella misma tienda tres veces en semanas recientes y ella le había rogado por esa muñeca. Él trató de explicarle que era demasiado cara para podérsela comprar – pero los niños tienen mucha dificultad para entender la economía.

No lo noté al principio, pero cuando regresé a mi cuarto y comencé a prepararme para el servicio de la noche, me di cuenta que DIOS me había enviado a Ushuaia, al fin del mundo, no solamente a predicar, sino para contestar el clamor de aquella niña. Me quedé asombrado al pensar en lo que acababa de suceder. Dios me había enviado 6,500 millas con la misión especial de llenar el anhelo de uno de Sus pequeñitos. Los últimos tres días que pasé allí ella me llamó “tío”.

Mi propia fe fue fortalecida por aquella sencilla experiencia. Recibí un entendimiento renovado del amor de Dios y Su cuidado para con sus hijos – grandes y pequeños.

Podemos pensar que nuestras peticiones son demasiado triviales para que Dios las conteste; después de todo, hay cosas más importantes en el universo que requieren Su atención. He encontrado, sin embargo, que Él está tan íntimamente consciente de cada una de nuestras necesidades que muchas veces contesta oraciones que no hemos puesto siquiera en palabras, fueron simples deseos que pasaron por nuestra mente. Frecuentemente he pensado, “Señor, realmente podría usar algo de ayuda aquí…”, y luego he notado que la ayuda que pedí había llegado. Me sorprende que mis peticiones más pequeñas sean contestadas con frecuencia. No quiero inferir que cada una de ellas se cumple – pero cuando sucede, me doy cuenta que no fue solamente coincidencia.

La experiencia que tuve en Ushuaia fue una de esas lecciones que nos sirven de recordatorio que Dios está tan interesado en aquella pequeña voz al final de la tierra como lo está con los presidentes que se toman el tiempo para orar. El hecho de que yo fuera el instrumento que Dios usó para dar me hizo conocer que DIOS estaba contestando la petición de aquella niña. Sé cómo sucedió; recuerdo la lucha que sentí cuando traté de resistir el llamado a comprarle un regalo y el impulso fuerte dentro de mí que he llegado a conocer como la “voz” de Dios.

Su papá fue tocado al pensar que el Señor hubiera enviado a un “gringo” desde tan lejos para satisfacer el deseo de su hija. Creo que va a contarle de ese día durante muchos años por venir.

Mi esposa es una persona que ora. Tiene una vida espiritual muy disciplinada y admiro cuán consistente es en sus devocionales mañaneros. Su ejemplo me ha llevado a colocar mucha confianza en sus oraciones por mis viajes, ministerio, vida personal y las decisiones que tomo por nuestra familia. Me da gran consuelo creer que sus peticiones para mí están siendo escuchadas.

Dios escucha cuando tomamos el tiempo para orar, pero la distancia de nuestros pies a nuestras rodillas muchas veces parece medirse en millas en lugar de pulgadas. Luchamos contra sentimientos de insignificancia, de ser indignos y la incertidumbre de si estamos siendo escuchados o no. Una de las lecciones constantes en mi vida espiritual es que Dios está PRESENTE. En Jeremías 23:24 Él declara por medio del profeta: “¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?” Esa declaración por sí sola contiene una enorme revelación para aquellos que estén dispuestos a recibirla. Si Él llena ambos, el cielo y la tierra, nada se le escapa, ni siquiera los llantos más pequeños desde el fin de la tierra.

Si estás orando y no ves la contestación, no te des por vencido. La tardanza no se debe a que Dios no esté escuchando; probablemente sea porque nuestra petición está hecha a destiempo o no está alineada con el propósito divino. He descubierto que cuando Dios retrasa contestar alguna de mis oraciones (lo cual sucede a menudo), aprendo algunas de mis mayores lecciones. La mejor política es creer que Dios está en control de nuestras vidas y que nuestro bienestar está a salvo en Sus manos. Cuando no recibimos una contestación, aprendamos a tomarlo como una espera o un “no” – pero no pienses que Dios no puede escucharte.

El Señor que ha enumerado cada cabello en nuestra cabeza y no se olvida del insignificante gorrión ESCUCHA cada palabra nuestra y conoce los deseos de nuestro corazón (Lucas 12:6-7; Salmos 37:4). Voy a atesorar la experiencia en Ushuaia y traerla a la mente la próxima vez que comience a pensar que mis necesidades son demasiado triviales para ser escuchadas por mi Creador. Espero que eso te anime a ti también.


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