Junio 18, 2009

David Barlock
Pastor David Barlock
Perdonando a los Demas

Estoy consciente de que este artículo va a hacer que algunas personas se molesten y puede que no ayude a que mi ministerio adquiera ventaja en una encuesta de popularidad, pero tenemos que referirnos a este tópico. Cuando contesté el llamado de Dios sobre mi vida, supe instintivamente que la meta de cualquier predicador que deseara ser un discípulo de Jesús no debía ser la admiración de las masas. Él nunca rehuyó los asuntos sensitivos y nosotros tampoco debemos hacerlo.

En primer lugar, déjeme decirle a aquellos que puedan sentirse por este tópico que estoy muy consciente de mi fragilidad como ser humano. No me estoy levantando en un pedestal o reclamando estar por encima de las tentaciones. Me siento afortunado de poder decir que he sido fiel a mi esposa a lo largo de nuestro matrimonio, pero no es porque yo sea mejor que mi vecino; simplemente dije “No” en mis momentos de tentación y me incliné hacia la gracia de Dios que estaba disponible para mí. Le puse mucha atención a las palabras de Judas:

Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. Judas 1:20-21

En palabras sencillas, tenemos que tomar responsabilidad por nuestra propia vida espiritual.

Habiendo dicho eso, voy a la Palabra de Dios:

Tengan todos en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal, porque Dios juzgará a los adúlteros y a todos los que cometen inmoralidades sexuales. Hebreos 13:4

El matrimonio es el centro de la salud de toda iglesia. Es cierto que somos miembros individuales del Cuerpo de Cristo… pero la unidad de la familia está en el centro de toda congregación. El éxito de una iglesia no solamente depende de un ministerio ungido y carismático, sino del testimonio de las familias que asisten fielmente. De modo que podemos esperar que estas dos áreas van a estar constantemente bajo ataque de fuerzas espirituales contrarias que obran en el mundo. El Apóstol Pablo le escribió a los Efesios:

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Efesios 6:12

Estamos luchando contra un enemigo que es mucho más fuerte de lo que podemos imaginar. Sabemos por las Escrituras que la santidad de Dios finalmente prevalecerá en la iglesia, pero no vendrá sin una lucha feroz entre la carne y el espíritu de todos aquellos que proclaman ser cristianos (Gálatas 5:16-17).

Las noticias cada día parecen traer nuevos escándalos sexuales en el gobierno, los deportes y el negocio del entretenimiento. La sociedad prácticamente se ha anestesiado ante tal información porque se ha hecho tan común pero, cuando se revelan escándalos sexuales dentro de la iglesia es otra historia. He visto algunas congregaciones hermosas ser casi destruidas por pastores quienes les predican desvergonzadamente mientras cometen adulterio. O sí, se avergüenzan muchísimo una vez son atrapados, pero muchos de ellos nunca son detectados – a veces durante años, antes de que sus indiscreciones salgan a la luz.

He notado a lo largo de mi ministerio que aquellos más inclinados a sufrir de este problema son los predicadores de la prosperidad que les gusta vivir la “buena vida”. Aman la popularidad y se adhieren estrictamente a predicar mensajes de ánimo en un esfuerzo de mantener a las personas alegres. Están enfocados en el “éxito” de tener una iglesia grande y las ventajas financieras que llegan con tales congregaciones.

El poder y el dinero han llevado a mucha gente a la destrucción espiritual. Cuando una persona tiene autoridad sobre las vidas de las personas y posee suficiente dinero como para estar seguro financieramente, puede adquirir un falso sentido de invulnerabilidad. Esa actitud infecta a la persona justo antes de que comiencen cruzar las líneas de lo que antes consideraban sagrado. Lo que sigue frecuentemente es algún tipo de indulgencia que lleva a una conducta sexual impropia.

Recientemente realicé una búsqueda en el Internet sobre “escándalos en el ministerio” y encontré los nombres de 17 líderes de iglesia distintos, hombres y mujeres, envueltos en ministerios prósperos, que fueron derrotados por escándalos sexuales entre los años 1980-2008. Seguramente hay cientos más que no recibieron atención de los medios porque no estaban en posiciones de prestigio, pero deben haber causado heridas similares al testimonio de la iglesia en su región.

Nada obstaculiza el progreso de una iglesia como la mala conducta sexual de un líder. No solamente causa heridas catastróficas, sino que hace que las personas duden de la integridad de toda la organización. Si no se trata con el pecado apropiadamente, puede desatar el mismo comportamiento en otros que están a penas agarrados de su fe por causa de depresión o problemas que puedan estar experimentando.

Un escándalo dentro de una iglesia NUNCA es privado… las noticias se riegan rápidamente y saltan de una a otra iglesia. Las personas comparten las historias con la velocidad con que puedan marcar un número telefónico o conectarse al Internet. Toma meses para que una congregación comience a sanarse de un caso de adulterio y usualmente resulta en un número de personas que abandonan la asamblea.

Como Obispo, he tenido que lidiar con cantidad de situaciones que envuelven adulterio dentro del ministerio y los laicos. Cada año parece exponer más casos y hace que uno se pregunte, “¿Está alguien exento de este problema?” La contestación es “NO”. A través de los pasados cuarenta años, el sexo ha tomado una connotación totalmente distinta en sociedades en todo el mundo. Ya no se cataloga como el acto sagrado del amor dentro del matrimonio, ahora es un acto de gratificación entre dos individuos que consienten. Créame que esa declaración puede ser interpretada de muchas maneras.

He aquí el problema: el adulterio todavía causa la misma herida y división que en siglos pasados. Se puede arrepentir o ser perdonado, pero las cicatrices que deja siempre están presentes.

La Iglesia necesita atender este asunto y traerlo al frente, no esconderlo en una esquina y actuar como si fuera un evento normal de la vida diaria.

El Apóstol Pablo escribió claramente acerca de esto:

pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; 1 Tesalonicenses4:3-5
Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. 1 Corintios 5:9-11
Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Efesios 5:5
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, Colosenses 3:5-6

Yo le llamo a eso una enseñanza clara y precisa. Es la clase de enseñanza que muchas personas prefieren no escuchar porque suena negativa aunque, por otro lado, ofrece instrucción sin ambigüedades en lo que concierne a la moralidad del Reino de Dios.

Pablo establece el punto importante de que somos responsables de mantenernos puros mediante la práctica del dominio propio. No podemos echarle la culpa de nuestros fracasos a los medios o la sensualidad de la sociedad que nos rodea – tenemos el poder de vivir de manera victoriosa en medio de una generación malvada y perversa.

Tomemos un momento para considerar al sobrino de Abraham, Lot. La Biblia dice que era un hombre JUSTO que fue oprimido y atormentado DIARIAMENTE por la mala conducta sexual de sus vecinos depravados. Eso no evitó que él viviera una vida moral, sin embargo; de hecho, fue rescatado por los ángeles porque se mantuvo sin caer en los pecados de aquellos que le rodeaban.

y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; 2 Pedro 2:7-9

Querámoslo o no, estamos viviendo una situación similar a la de Lot. Los estándares morales de la sociedad están decreciendo constantemente, pero las Escrituras no cambian con el tiempo y nos dan dirección clara acerca de cómo debemos vivir.

Aquí está, en pocas palabras:

La Biblia identifica estas prácticas como PECADO y promete juzgarlas duramente.

La Iglesia debe pararse como luz en medio de las tinieblas y ser un ejemplo vivo de lo que Dios espera de Su pueblo. Cuando el mundo escucha de un escándalo en la Iglesia, le dan mucha atención en los medios e infieren este pensamiento: “Ven, realmente no hay diferencia y ellos y son hipócritas por actuar como si ellos fueran más morales que ninguno otro”.

De manera que, ¿qué podemos hacer para mantenernos?

No podemos descuidar vivir en una actitud de oración y leer las Escrituras si queremos vivir como cristianos victoriosos. Tenemos que mantener al Señor delante de nosotros de manera activa.

A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Salmos 16:8
Escogí el camino de la verdad; He puesto tus juicios delante de mí. Salmos 119:30

Cuando comienza a oscurecerse nuestra revelación de la cercanía de Dios, nos volvemos cada vez más liberales en nuestros pensamientos, acciones y claridad moral. Mi revelación del Señor solamente puede mantenerse clara cuando paso tiempo con Él.

También ayuda tener una lista de preguntas que podemos memorizar y formularnos antes de tomar una decisión inmoral. He aquí unas cuantas, que pueden ayudarle:

  1. ¿Vale la pena arrastrar el Nombre de Cristo y Su testimonio por el fango del ridículo y la difamación del mundo?
  2. ¿Estoy dispuesto a contristar al Espíritu Santo al punto que pueda alejarse de mí por un tiempo?
  3. ¿Estoy dispuesto a enfrentarme a la disciplina que el Señor me traerá por medio de la vergüenza, la exposición pública y la pérdida del respeto de los que me rodean?
  4. ¿Estoy dispuesto a sufrir la pérdida de la recompensa eterna y los sentimientos de condenación que me acompañarán después que cometa este acto?
  5. ¿Estoy dispuesto a causarle heridas a mi cónyuge y perder su respeto y confianza?
  6. ¿Estoy dispuesto a arriesgar la posibilidad de un divorcio y el problema que causaría a la seguridad emocional y financiera de mis hijos?
  7. ¿Cuántas personas inocentes sufrirán por causa de mi infidelidad? ¿Podré soportar el peso de esa responsabilidad?
  8. ¿Estoy listo para cargar con la responsabilidad del daño que pueda suceder en la vida y matrimonio de la otra persona?
  9. ¿Estoy dispuesto a sufrir la posibilidad de nunca poder perdonarme a mí mismo y tener pesadillas durante el resto de mi vida?
  10. ¿Estoy dispuesto a descalificarme a mí mismo como ministro del Evangelio y marcarme como hipócrita después de haber predicado a otros?
  11. ¿Puedo soportar los comentarios y el ridículo que vendrá de aquellos fuera de mi iglesia?

Cuando un cristiano comete una inmoralidad – encara los asuntos tocados en estas preguntas. El arrepentimiento, remordimiento y vergüenza que experimentan no puede ser quitado por aquellos que son parciales a la “restauración”. Dios restaura a los pecadores para salvación, pero no hay evidencia en el Nuevo Testamento de que una persona inmoral será restaurada al mismo estatus ministerial en la iglesia del cual gozaban antes de decidir pecar.

La primera epístola de Pablo a los corintios declara algo que me hace considerar seriamente este asunto:

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNE. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:15-20

No creo entender completamente el verso 18, pero no debe tomarse a la ligera. Lo que sí entiendo es que Dios habita EN mí, soy un espíritu con Él y mi ministerio más importante hacia el mundo es glorificarle a Él en mi cuerpo. Espero que en el ocaso de mi vida pueda declarar de la misma manera que Pablo le escribió a Timoteo:

He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 2 Timoteo 4:7

Para cerrar, quiero ofrecerle una palabra a aquellos que hayan experimentado algún fracaso moral: si has cometido pecado en el pasado y te has arrepentido del mismo, es importante que sepas que Dios te ama incondicionalmente. También es importante que Le ames a Él lo suficiente como para prometerle que no vas a caer en ese pecado otra vez en el futuro. Las misericordias de Dios son mayores de lo que podemos imaginar y hay perdón en Él. Lo mejor que podemos hacer es comprometernos con Él diariamente y ejercitar las disciplinas espirituales necesarias para mantener un testimonio que traiga gloria a Su Nombre.

Pastor David Barlock